viernes, 9 de marzo de 2012

A miña tomateira na oficina



lunes, 5 de marzo de 2012

XUVENTUDE DE LIÑARES DE VILAFURADA NO CARME DE SAN ANDRES 1956


O MEU AGRADECEMENTO A DARIA DE SANTIAGO DE VILAGUDEL POLA FOTOGRAFIA

En Vilardíaz seguimos cos xardíns









A NOGUEIRA, AS NOCES E O GALO DE ELADINO DO REI DE VILAGUDEL




Décadas de historia detrás de una barra


23/10/2011 - Cristina L. Felipe / El Progreso (A Mariña)
Nacieron hace 40, 50, 70 u 80 años y son todo un símbolo en la comarca. Quedan ya pocas tabernas porque los tiempos cambian, pero siguen manteniendo su función socializadora y de unión con sus clientes, que son los de toda la vida.
entre los negocios más antiguos de la comarca se encuentran las tabernas, cada vez menores en número en las zonas rurales debido a la despoblación pero que mantienen la esencia con la que fueron fundadas y en general así continúan muchas de ellas, mientras que en otros casos fueron reconvertidas en bares o restaurantes. De una forma u otra, estos negocios son historia viva de A Mariña y sus gentes generación tras generación, con una antigüedad que osa rondar el siglo.
LOLA FERNÁNDEZ, dueña de Casa Lola:
«Nacín na taberna e xa con seis anos servía vasos de viño»
Lola Fernández regenta desde hace 21 años Casa Lola, el negocio que fundaron en 1958 sus padres, en el que creció y pasó toda su vida. «Nacín na taberna, xa con seis anos servía vasos de viño», dice la propietaria del establecimiento, ubicado en la parroquia ribadense de Remourelle y el único de estas características en kilómetros a la redonda. En la actualidad funciona como bar, sirve tapas a diario y también prepara comidas caseras para llevar, con el aroma inconfundible de los buenos platos de toda la vida.
El local fue también un ultramarinos hasta hace tres años, pero la pérdida de población en la parroquia y la extensión de los supermercados en Ribadeo hicieron mella en esta parte de su actividad. «Somos 72 habitantes», lamenta Lola Fernández, que defiende con poderosas razones la función socializadora de las tabernas de pueblo. «A taberna é moi necesaria, une moito, é un centro para todo... onde se poñen as esquelas, os programas das festas, onde comunicas os eventos á xente... ten unha función e axuda ó pobo; é unha pena que se acabe», e incide además en la figura del tabernero, que «non é como nun restaurante, que serves, das os bos días e nada máis, aquí falas coa xente e eso é moi bonito».
Precisamente el contacto con los clientes es uno de los fuertes de Lola, que reconoce tener visitantes fijos «desde hai trinta anos. Algúns viñeron os pais, logo os fillos e agora están vindo os netos», apunta. La clientela la forman tanto vecinos de la parroquia como veraneantes, entre los que triunfa «a tortilla, os ovos con patacas e a empanada», mientras que a los del resto del año «encántanlles os estofados de tenreira que fago». Uno de los secretos está en la utilización de los productos más frescos, naturales y de calidad, «de primeira man», como los conejos o pollos que cría y las hortalizas que cultiva. «Penso que a xente está satisfeita coa comida que fago, pero eu digo que se queixen, porque sempre se pode mellorar», añade.
El local, «que empezou sendo unha cantina moi pequena e logo foise ampliando e modernizando», goza aún hoy de gran actividad, pues celebran campeonatos de tute y sigue siendo tradición «vir botar a partida». Además, colabora activamente con la asociación Xinetes de Remourelle, que organiza paseos a caballo por la zona, y con la recuperación de juegos populares, todo ello para dar más vida a la parroquia. Mientras espera que el Gobierno «baixe os impostos» y que le den un desahogo para poder para seguir en marcha, Lola Fernández sigue apostando por el rural, y por las nuevas generaciones que son el futuro, así que ayudó a su hija a montar un salón de belleza «con moito éxito» en el mismo lugar.
CELESTINO FRAGA, fundador del bar La Primavera:
«Cando saía compraba botellas antigas e vendín unha por 220 euros»
Entrar en el Café Bar La Primavera de Rúa es empaparse de nostalgia y saborear tiempos pasados, respirar la calidez que desprenden los sitios con alma, forjada a base de años de historia e historias de sus protagonistas. Celestino Fraga, que hoy tiene 84 años, lo construyó hace 41 «no centro do pobo, porque nós tiñamos a casa máis abaixo e aquí era mellor sitio para o bar». Como en el caso del negocio de Lola Fernández, La Primavera también era antes ultramarinos, «con produtos de toda clase, pero ó vir os Aldis e todo eso houbo que deixar todo», recuerda Fraga.
Desde que se jubiló lo gestiona su hija, Nazaret, que ha mantenido intacta la esencia del negocio. «Conservámolo máis ou menos igual», dice. Sin embargo la taberna sufrió una variación importante «haberá 30 anos», porque era mucho más pequeña y tenía al fondo «un reservado onde xogaba a xente que estaba pechado cunhas portas». El fundador añade que «a xente do pobo sempre baixa xogar a partida ás noites, non é como noutras aldeas que non saen da casa, aquí veñen sempre; e eso obrigounos a aumentar o local para ter máis sitio». El grueso de la clientela es la vecindad de la parroquia Rúa y la crisis la notan en los foráneos, que «veñen algo menos, vese que non hai tantas posibilidades».
Si algo llama la atención en esta taberna es la decoración, donde tanto se pueden encontrar estatuas con aires indígenas como una colección de billetes de pesetas, un enorme bastón donde reza un amenazante ‘Majo, pagas o bajo’ que le regaló un amigo guardia civil, una patata con forma de corazón o enormes espigas de maíz «que traen os labregos».
Es una estancia llena de recuerdos, pero el protagonismo lo acapara la colección de botellas antiguas que ocupan buena parte de la pared de detrás de la barra y Celestino Fraga ha ido recopilando a lo largo de los años, de regalos o adquiridas «andando polo mundo», pues también fue cartero y taxista. «A máis antiga é unha de Carlos I que terá cen anos ou máis», relata, y no hace mucho vendió otra de un whisky, «das máis antigas que había», por 220 euros, «polo traballo que tiña no cristal». Si valieran así todas, bromea, «valía a pena ir vendéndoas». La colección de whisky y brandy antiguos es magnífica, «teño botellas que valeron catro pesetas», dice, y es que «daquela fundían os cartos máis».
ANTONIO PÉREZ, encargado de Casa Jaime:
«Abrimos todos os días para ter ben servida á clientela»
A Casa Jaime no le hace falta cartel. Todo el mundo en Xove y alrededores sabe donde está, pues desde hace 70 años funciona como taberna y ultramarinos y su actividad no se ha achicado ni por la crisis ni por la competencia de las grandes cadenas de supermercados, según asegura su encargado, Antonio Pérez, que está al frente del negocio desde hace 33 años.
Es la única tienda de estas características en la capitalidad y la segunda en el municipio, y en su día contó con la particularidad de tener el único salón de baile de todo Xove en el mismo espacio que ahora ocupa. «Antes a taberna era máis pequena e o resto era a sala de baile, haberá uns 50 anos», apunta el encargado. Otra particularidad con la que sí cuenta en la actualidad es que abre todos los días, «tamén os sábados, domingos e festivos». Preguntado por la razón, Antonio Pérez replica rotundo que «non podemos pechar, seguimos a tradición para ter á clientela ben servida».
En este establecimiento hay todo tipo de productos de alimentación, como gran variedad de fruta, castañas, pan del día, postres, charcutería, lácteos, jamones, sardinas y un largo etcétera, artículos a los que se unen otros de droguería; es decir, como un supermercado en pequeño con un lugar destacado para los vinos y licores, colocados encima de unos barriles de madera, y en el que hasta se pueden comprar CDs y cintas a un módico precio. Unas mesas para las partidas completan una estancia que, según Antonio Pérez, tiene la clientela de toda la vida.
SIMÓN CARRIEDO, propietario de O Lar:
«El negocio existe desde hace 80 o 90 años y era el único bar del puerto»
Más antiguo todavía es O Lar, en Foz, ahora restaurante pero que en sus inicios era el único bodegón del puerto. Nació con el nombre de Casa do Maragato, según recuerda uno de sus más fieles y longevos clientes, Ramón Fernández, que comparte barra, al otro lado, con el actual regente del local, Simón Carriedo, yerno de sus anteriores propietarios y quien, llegado de Palencia, entró en el negocio como camarero hace tres décadas. «El local existe desde hace 80 o 90 años», apunta el propietario.
O Maragato era una tasca en la que ya al principio se daban comidas. «Aquí antes, a 25 metros, se cargaban barcos de madera, de muchas especies; había mucho cabotaje. Los maderistas tenían la costumbre de invitar a los patrones a venir a comer aquí», recuerda Fernández. «Al principio lo llevaban otros señores, pero la propiedad era de los suegros de Simón, que lo cogieron de nuevo 15 o 20 años después y lo mantuvieron tal y como estaba».
O Lar sufrió una profunda transformación hace unos pocos años. «Ahora es un restaurante casi de lujo, con comedor en la planta de arriba con unas vistas impresionantes al puerto y abajo sigue siendo bodegón», destaca el cliente. No cambiaron sus asiduos, pues «sigue siendo una referencia», y mantienen intacto el espíritu marinero de antaño. «Este es el único bodegón donde todavía se practica el cante, algo muy tradicional en puertos pescadores, y hoy es el único donde se juntan amigos, tocan la guitarra y empiezan a tocar habaneras. Hay un ambiente muy bonito y a la gente que viene de fuera eso le encanta». Siempre preparada está la guitarra, en una esquina de la barra, esperando por unas manos que la quieran tocar.
(En la foto del puerto de Foz, cedida por Xesús do Breogán, se ve el edificio original de O Lar —la casita blanca— al fondo)

O comercio rural reinvéntase



04/03/2012 - Francisco García/ El Progreso (Lugo) 
TABERNAS TRADICIONALES A LA ÚLTIMA 
El comercio tradicional del medio rural lucense, las tabernas en las que se podía encontrar de todo, se están adaptando al siglo XXI, reinventándose sin olvidar las nuevas tecnologías, pero sin perder su esencia. un siglo de historia está labrado en las piedras de algunas tabernas tradicionales de las parroquias rurales en la provincia de Lugo. No son muchas, porque la despoblación y el envejecimiento dificultan su pervivencia en numerosos lugares. Sin embargo, sus pilares parecen dispuestos a continuar registrando el paso de los años, adaptándose a una nueva época, el siglo de las nuevas tecnologías, de los ordenadores e internet, pero manteniendo esa esencia de lugar de reunión de los vecinos, frente a la chimenea y tomando un vino. La red de Comercio Rural Galego, promovida desde finales de la pasada década por la Xunta, ha permitido la recuperación de antiguas tabernas, alguna de las cuales ya habían echado el cierre. Concretamente, en la provincia de Lugo forman parte de esta red nueve establecimientos, en otros tantos municipios. Estos locales con solera han sido restaurados con ayudas públicas. Arquitectónicamente, las obras mantuvieron y resaltaron los elementos más identificativos de los edificios, evitando cambios que pudiesen alterar la originalidad de los establecimientos. En cuanto a la filosofía del negocio, se mantiene la tradición. En estas tabernas, además de la tasca donde echar la partida o hacer la tertulia, se puede encontrar prácticamente de todo en el ámbito de la alimentación, destacando los productos autóctonos y ecológicos, y, en algunos casos, de la droguería, ferretería o mercería. La tradición se completa con una nueva oferta. Todos los establecimientos tiene ordenadores con acceso a internet, servicio de fax y pago con tarjeta. Además, disponen de una sección de artesanía gallega, entre la que destaca la cerámica, con piezas de maestros de distintos puntos de Galicia. Algunos establecimientos han completado su oferta con otros servicios, como restaurantes, fundamentalmente. Cuatro propietarios de estas tabernas, emblemáticas en sus municipios, cuentan su experiencia al frente de negocios actualizados, pero que en la mayoría de los casos ya pertenecían a su familia desde hace varias generaciones. 
PROTAGONISTAS 
Rocío Gasalla Casa Zapateiro Bretoña (A Pastoriza) ''Abrimos 14 horas ó día e, por tradición, mantemos unha sección de zapatos'' Rocío Gasalla es la responsable de Casa Zapateiro, en Bretoña (A Pastoriza), una antigua taberna con más de un siglo de historia y muy conocida en la zona. Se hizo cargo hace tres años del negocio que explotaba la familia de su marido desde hace tres generaciones, después de acogerse a las ayudas de la Xunta y ejecutar un proyecto para transformar el local. «Antiguamente, ademais da tenda e o bar, tiñan outros servicios, como a pesa á que viñan os gandeiros cos xatos e tamén había habitacións e comida, en plan fonda. Daquela, había varias na vila, pero no Zapateiro tamén tiñan unha pista de baile. Ademáis o avó era zapateiro e a tradición mantívose no tempo. Agora temos unha pequena sección, fundamentalmente zapatillas e tenis», explica Rocío. La encargada de Casa Zapateiro se muestra satisfecha con el funcionamiento del conjunto de negocios que abarca su antigua taberna. «O peor é que son moitas horas de pé atendendo o bar, a tenda e todo o demais. Abrimos as oito e media da mañá e non pechamos hasta as dez da noite, todos os días. Só pechamos o domingo pola tarde, que falta fai», se queja con cierta resignación. Como ocurre en la mayoría de estos establecimientos, «a clientela é casi fixa. No pobo somos poucos e moitos son os nosos clientes de toda a vida; os de sempre». Para Rocío Gasalla, que antes de dedicarse a la taberna trabajaba en el sector ganadero, «esta e unha boa forma de afianzar a poboación nos concellos rurais, porque é unha oportunidade para vivir neste medio ó marxe da gandeiría ou a agricultura, que parecen as únicas saídas». Manuel Lozano Casa Paca Xermar (Cospeito) ''Resúltanos moi difícil competir cos supermercados'' Casa Paca es un establecimiento emblemático en el municipio de Cospeito. Creado hace más de cincuenta años por los padres de su actual propietario, Manuel Lozano, esta antigua taberna, ubicada en Xermar, fue rehabilitada hace dos años, con una subvención de la red de Comercio Rural. El establecimiento dispone de bar, ultramarinos, sección de artesanía, con los trabajos de cinco ceramistas de la zona y de otras partes como Bonxe, Viveiro o A Coruña, y nuevas tecnologías. «O local xa o tiñamos, porque era dos meus pais e, cando se convocaron as axudas, decidimos embarcarnos no proyecto», explica Lozano, que añade que «é importante manter este punto de encontro social, para que os veciños non perdan o contacto. Somos o único establecemento deste tipo que queda na parroquia, polo que Casa Paca é un pouco o local social no que se reúnen todos os días para falar e botar unhas risas». Este hostelero ha reforzado la oferta de su negocio con un restaurante, «no que ofrecemos cociña galega tradicional, con especialidades de carne e, sobre todo, de bacalao». Por lo que se refiere al ultramarinos, Manuel Lozano se queja en cierto modo de que «temos unha forte competición cos supermercados, cos que non podemos equipararnos en canto ós prezos». En este sentido, considera que «o pobo tiña que implicarse un pouco máis con estes establecementos e mercar eiquí os productos, en lugar de ir a unha cadea de supermercados na vila ou a unha gran área comercial». Al igual que otros negocios, este, en el que hay contratados tres trabajadores, además de la mujer del propietario, «tamén estamos notando moito a crise», explica el hostelero. 
Manuel Balsa Gato Casa Balsa (Ourol) ''Hai que manter a poboación rural e que os mozos non se vaian'' La Casa Balsa, en pleno centro de Ourol, es un ejemplo de que este tipo de negocios no solo pueden reinventarse, sino que, en este caso, ha sido ampliado. En el año 1969, los padres de Manuel Balsa Gato abrieron el bar Stop, uno de los pocos de la villa, que ya tenía también ultramarinos. Décadas después, en 1989, el negocio pasó a manos de su hijo, que hace cuatro años decidió cambiarle la cara a la taberna e incrementar los servicios que ofrece a los vecinos. Aprovechando el local de una antiguo salón de baile, colindante con el bar, la Casa Balsa reabrió su puertas tras las obras con su tradicional tasca rehabilitada; amplió la oferta de alimentos, con la presencia de producción ecológica y autóctona; incorporó la sección de artesanía gallega, los servicios de internet y apostó por potenciar el despacho de lotería, el estanco, el quiosco de prensa, la mercería y la ferretería. «Temos practicamente o mesmo que antes, pero máis e mellor. Deiquí, pode saír calquera perfectamente equipado con todo o que necesite», aduce Manuel Balsa. El establecimiento se mantiene como lugar de ocio de los vecinos de la villa y de parroquias rurales del municipio, pero también es el local social de las asociaciones vecinales y culturales. Casi el epicentro de Ourol, si se exceptúa el consistorio. «O verdadeiro problema destes negocios, ó marxe da competencia coas cadeas de supermercados, coas que non podemos competir, e a crise económica, é a despoboación do medio rural. A xente vaise. Os mozos casan e teñen fillos e aumentan as necesidades de servizos que non atopan no pobo e os maiores, cando xa non se poden valer por si mesmos, van para as cidades ou vilas máis grandes cos seus fillos». La despoblación es preocupante en este municipio, donde hay que añadir una considerable dispersión poblacional, con más de una media docena de parroquias, situadas en algunos casos a 12 kilómetros de la villa. 
María Rosa Núñez Casa María Doncos (As Nogais) ''En Doncos, chegamos a ter nove tabernas e hoxe só quedamos nós'' «En Doncos hai moitas casas, pero poucos veciños, porque a maioría están habitadas só durante os meses de verán», comenta María Rosa Núñez, la responsable de Casa de María, ubicada en esta parroquia rural del municipio de As Nogais. De hecho, María recuerda que «Doncos chegou a ter nove tabernas, e agora só quedamos nos». La casa, típico ejemplo de la arquitectura popular de la zona, fue durante décadas el lugar de reunión de los vecinos de Doncos, pero también sucumbió a los efectos de la emigración y la despoblación. Hace cuatro años, María Rosa Núñez decidió acogerse a las ayudas de la Xunta y recuperar el edificio, ofreciendo servicios, como internet o fax, para los vecinos de Doncos, que antes tenían que trasladarse a la villa más cercana, As Nogais, si querían acceder a ellos. María se queja de que «o ultramarinos non funciona moi ben, porque a xente prefire comprar os productos ós ambulantes que veñen coas súas camionetas. É máis cómodo mercar á porta de casa, dende o pan á carne ou calquer outra cousa, sen ter que moverse e cargar cos bultos». En cualquier caso, Casa de María devolvió a Doncos parte de su intrahistoria, de esas reuniones de vecinos que «non se podían perder», señala la propietaria. En este sentido, insiste en que «é importante que a xente teña un lugar no que falar ou botar unha partida mentras toma un viño», señala María, al tiempo que señala una baraja sobre una de las mesas de la taberna. «As cartas xa están preparadas para a partida da tarde», aclara la anfitriona. Casa de María tiene su fuerte en juegos que ya no se encuentran en los establecimientos hosteleros comunes. El futbolín es el rey, pero la oferta incluye otros con más solera como la rana o la petanca. «Os que mellor o pasan son os pequenos, que xogan incluso mellor que eu que, en teoría, son o mestre», explica Manuel, el marido de María.

Tras la fisión llega la fusión


04/03/2012 - Ángel Vaqueiro 
DE LOS ÚLTIMOS municipios nacidos en Lugo, solo dos han ido claramente a más. Negueira de Muñiz (1925) es el ayuntamiento menos poblado de Galicia; Ribeira de Piquín (1935) también es de los pocos que no llega a mil habitantes, y A Pontenova, que en 1963 nació con más de 5.600 vecinos que aportaron Vilameá y Vilaoudriz, ha caído en este medio siglo a poco más de 2.700. Burela (1994), en cambio, figura entre el puñado de excepciones que ganan población año tras año, al igual que Rábade, que arrancó en 1925 con poco menos de mil habitantes y ahora suma 1.700. Tal y como están las cosas, parece posible que veamos más casos como los de A Pontenova y menos como los de los otros cuatro. El debate ha surgido varias veces en los últimos tiempos, pero ahora la Crisis parece que viene dispuesta a reorganizar ya el atomizado mapa municipal español. Si se ha llevado por delante viejos derechos laborales, está claro que le va a importar igual de poco cargarse simples divisiones territoriales. Por ahora el debate es teórico, pero podemos correr el riesgo de que alguien se atreva a hacerlo igual que se repartieron África las potencias coloniales. Por ejemplo: como Negueira de Muñiz está pegado a la descomunal A Fonsagrada (municipio más grande de Galicia), lo lógico podría ser unirlos. Ya puestos, también podrían anexionarse Ribeira de Piquín y hasta Navia de Suarna, como ha propuesto algún lector en el foro que tenemos en Elprogreso.es. La Xunta apuesta por la desaparición de los municipios de menos de 1.500 habitantes, lo que pone en el disparadero a doce de Lugo. El Colegio de Economistas de A Coruña propone que los ayuntamientos tengan al menos 30.000; eso significaría que en Lugo pasaríamos de 67 a poco más de diez. Curiosamente, los primeros que han dado algún paso, Alfoz y O Valadouro, pasan, cada uno, de los dos mil habitantes. Pero es que estos dos municipios tienen una historia común. Más complicado es el asunto en otros lares. El mapa municipal es reflejo del minifundismo galaico y fruto de agravios históricos. Esto último es lo que está detrás de las cuatro fisiones mencionadas. Negueira estaba demasiado lejos de los centros de poder de A Fonsagrada; aún lo sigue estando. El Círculo de Empresarios de Galicia afirmaba hace dos años que ahora, con las modernas carreteras, ya no hay problemas de comunicación, pero la última aldea de Negueira sigue estando casi tan lejos de A Fonsagrada como Lugo de A Coruña. Tampoco se puede soslayar el elemento localista, empezando por la capital: a igualdad de habitantes, ¿dónde pones la casa consistorial? Es un tema que parece menor, pero que se las va a traer. Edificios para situarla va a haber de sobra, porque tanto minifundismo y tanto «yo no quiero ser menos que el vecino» ha poblado Galicia de auténticos palacios del vacío: centro social, polideportivo, casa de la cultura... En algún caso, ese vacío es parejo al de las arcas municipales, lo que convierte las fusiones en algo tan complejo y hasta peligroso como una fisión (nuclear, claro).