jueves, 28 de febrero de 2013

Unha avaría deixa sen calefacción ao colexio da Fonsagrada en plena onda de frío

28/02/2013 - El Progreso (Lugo)


O colexio da Fonsagrada leva sen calefacción desde o pasado luns. Unha avaría grave na caldeira ha inutilizado o sistema de climatización das aulas e profesores e alumnos víronse obrigados a impartir clases en condicións de frío extremo.
Esta avaría coincide coa onda de frío que estes días afecta á provincia de Lugo, que deixou temperaturas baixo cero nas zonas de montaña.
Onte, as clases suspendéronse porque moitos alumnos non puideron chegar ao colexio pola neve e o xeo e os que o lograron volveron ás súas casas ante a imposibilidade de quentar as aulas. Non é posible conectar radiadores porque non hai suficiente potencia eléctrica.
A Xunta dispuxo a solución. é necesario cambiar a caldeira e para iso hai que tirar unha parede, polo que a obra tardará un tempo.



Un parásito procedente de Asia, el Nosema ceranae, está poniendo en riesgo a la mitad de las colmenas españolas -y ha acabado ya con una cuarta parte de las de Estados Unidos-, aquejadas por el denominado "síndrome de despoblamiento". En el Centro Apícola de Castilla-La Mancha llevan siete años trabajando para dar con el origen del mal que aqueja a las colmenas y que las aniquila en tan sólo unos meses. La alerta fue dada hace dos años por un grupo de científicos españoles, después de conseguir identificar al causante, un microorganismo que se convierte en parásito de la Apis mellifera, la abeja productora de miel.

Los investigadores españoles remitieron en octubre de 2005 al Ministerio de Agricultura un informe en el que se advertía de la presencia del parásito, al que apuntaban como el origen del problema. Para ello analizaron miles de análisis de muestras procedentes no sólo de España, sino de Suiza, Eslovenia, o Argentina. Ahora que el síndrome ha llegado a Estados Unidos, las miradas se dirigen a los investigadores de este centro situado en Marchamalo, un pueblo de Guadalajara, que hace dos años apuntó la solución: un antibiótico que se inventó hace 60, la fumagilina. "Los americanos han creado la alarma, han lanzado la hipótesis, y ahora ya empiezan a apuntar al descubrimiento español", dice Mariano Higes, coordinador del grupo de investigación del Centro Apícola Regional.
El Centro Apícola de Castilla-La Mancha hizo el hallazgo en 2005, pero nadie les hizo caso

El Nosema ceranae fue descrito en China, pero no se le había prestado atención porque se pensaba que no era patógeno para las abejas. Su origen es China, pero allí, asegura, "están en equilibrio con su hospedador; cuando el hospedador no tiene ningún mecanismo de control de estos parásitos exóticos, actúa con gran virulencia y puede diezmar las abejas". De momento se sigue investigando cómo pudo llegar hasta España, aunque se apunta a que "hay intercambio de colmenas, y de material biológico".

El problema es "realmente grave" afirma Higes, al tiempo que se lamenta de que nadie les hiciera caso hace dos años acusándoles de alarmistas. "Somos científicos, somos gente de universidad y nuestra intención no es alarmar sino solucionar problemas. Lo que nos llena de desconsuelo es que haya tenido que llegar el parásito a Estados Unidos para que se haya dado credibilidad a nuestro trabajo".


Los científicos españoles han resuelto un enigma para el que había múltiples hipótesis. En un primer momento se apuntó a los pesticidas de uso agrícola como causa, pero daba igual que las colmenas estuvieran en zonas de valle o de montaña, cerca o lejos de cultivos, porque les afectaba de la misma manera. "El problema de los pesticidas es real, son tóxicos para las abejas, pero no están detrás del despoblamiento", afirma Higes. Otras teorías apuntaban a las ondas de telefonía. Los que más cerca estaban fueron quienes sospecharon de un parásito tradicional de las abejas, el Nosema apis, pero los análisis de ADN han descartado esta teoría.



Ahora, al rebufo de la alarma procedente de EE UU, los científicos del Centro Apícola de Castilla-La Mancha han visto reconocidos sus esfuerzos. Un trabajo en el que no han estado solos. Higes insiste en mencionar al equipo del Departamento de Sanidad Animal I de la Facultad de Veterinaria de Madrid, el Departamento de Química Analítica de la Universidad de Valladolid, el equipo de parasitología de la Facultad de Farmacia de la Universidad San Pablo CEU y especialistas del laboratorio de ADN de la Policía Científica de Madrid, que en esta ocasión les han ayudado a seguir la pista a las abejas

La polinización peligra por el declive de las abejas silvestres



El despoblamiento de las colmenas, una enfermedad que elimina a la mayor parte de una colonia de abejas, lleva una década angustiando a los apicultores de toda Europa y la mitad de Estados Unidos, y no han sido pocas las investigaciones sobre los parásitos, virus, bacterias y condiciones ambientales que lastiman a estos insectos domésticos. Los últimos datos, sin embargo, indican que esos trabajos han errado el tiro. No porque estén mal hechos, sino porque el problema realmente grave está en otro sitio: en los insectos polinizadores silvestres, que son los responsables de gestionar de la mayor parte de los cultivos esenciales para la alimentación mundial. Y que lo están pasando todavía peor que sus camaradas domesticadas.


Un consorcio internacional coordinado por Lucas Garibaldi, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en San Carlos de Bariloche, Argentina, ha revelado en una investigación masiva sobre 41 de las principales plantas de cultivo en los cinco continentes que no son las abejas de colmena, sino los insectos silvestres –muchos de ellos también abejas— los que polinizan esos cultivos con mayor eficacia.

El trabajo de los polinizadores silvestres produce el doble de fruta (o frutos, más en general) que el de sus colegas asalariadas. Esta es la mejor forma de medir el rendimiento de estos insectos: el fruto es el resultado directo de la polinización de una flor; y las semillas son el indirecto.

La principal conclusión del macroestudio es que, pese a que las colmenas de los apicultores pueden ayudar en la tarea de polinizar los cultivos, curarlas de sus enfermedades puede ser un empeño demasiado costoso. Aunque tuviera un éxito del 100% --y en la actualidad nos aproximamos más al otro extremo de la escala—, la apicultura no podrá nunca cubrir la baja de los polinizadores de campo abierto, si esta llegara a producirse. Y lo peor es que ya da signos.
 
“La supervivencia humana depende de muchos procesos naturales, o servicios de los ecosistemas, que no suelen contabilizarse en los estudios de mercado”, escriben Garibaldi y sus colegas en Science. “La degradación global de esos ‘servicios’ empobrece la capacidad de la agricultura para satisfacer la demanda de una población humana cada vez más numerosa y con más recursos”. La polinización por los insectos silvestres es un paradigma entre esos servicios ecosistémicos, y uno de los más vulnerables, según los científicos del consorcio. No solo la abundancia, sino también la diversidad de estos trabajadores ‘espontáneos’, está declinando en todos tipo de campos de cultivo.
Otra investigación de Laura Burkle y sus colegas de las universidades de Washington, Montana e Illinois, también presentado hoy en Science, muestra un buen ejemplo de los procesos implicados en ese empobrecimiento general. Los investigadores han aprovechado los registros históricos sobre interacciones planta-polinizador particularmente detallados del estado de Illinois, que se remontan a finales del siglo XIX. Y muestran que el ‘servicio’ de polinización silvestre no ha hecho más que declinar desde entonces, tanto en cantidad como en calidad.

La principal razón de esta pérdida, concluyen los autores, es la desaparición, o erradicación, de la mitad de las especies de abejas silvestres que campaban por la zona en el siglo XIX, y tal vez desde hace 10.000 años. Otro factor es el cambio climático, que ha desfasado la temporada de floración con las fechas de máxima actividad de las abejas. Pero este es justo uno de los inconvenientes que podrían evitarse si las especies de abejas fueran más diversas. La variedad garantiza que haya al menos una especie para cada temporada. O para cada nuevo imprevisto causado por la inventiva humana.

domingo, 24 de febrero de 2013

Los gallegos y sus 70 palabras para designar la lluvia




PUBLICADO EN YORUKOBU
 | Lo escribe 
Dice la -en este caso- equivocada cultura popular que un ejemplo de la adaptación de la lengua al medio en el que vive es que los esquimales tienen multitud de palabras para designar la nieve. El origen de este error se sitúa en el antropólogo Frank Boas, que en 1911, explicaba esto con cuatro palabras de diferente lexema para otros tantos tipos de nieve.
Aunque, como señala el programa de conservación de lenguas Sorosoro, el propio Boas explicaba que lo que sería expresado por una sola palabra en inuktitut puede serlo por un grupo de palabras en otra lengua, el daño estaba hecho y diferentes publicaciones científicas espolvorearon esta idea por el saber popular aumentado de manera exponencial el número de palabras que los esquimales utilizaban.
Pero que no cunda el pánico. Hay una muestra con más palabras y mucho más cercana: El idioma gallego contempla más de 70 vocablos para su nieve particular: la lluvia.
Elvira Fidalgo, profesora de Filología Románica en la Universidad de Santiago, hizo su tesis sobre la formación de las palabras gallegas para lluvia. “Los términos de Galicia”, explica, “como en la mayor parte de las lenguas romances, parten del pluvia latino, que era el elemento específico que caía cuando llovía”. Está acción, la del “agua de lluvia que cae”, era inver, de donde deriva el nombre de la estación más fría del año. Los hablantes de las lenguas románicas fueron poco a poco inventando nuevos nombres para el mismo concepto y variaciones del mismo, “entrando en cuestión cosas como el aspecto del día, el ruido que hace el agua al caer o las metáforas”.
Un ejemplo de esta variación metafórica en gallego sería el froallo, que según la Real Academia Galega es “una lluvia muy pequeña”. El término nace del latín floccum, que significaba una brizna de lana. Cuando antes se esquilaba a las ovejas y se aireaba la lana, esta soltaba un polvillo que se mecía blanco entre la brisa. “Esa imagen del polvo moviéndose”, dice Fidalgo, “ se trasladó a una lluvia que se pone a caer cuando hay rayos de sol y parece medio blanca”.
El origen onomatopéyico se ve en el lexema bab-, origen en palabras como babuña (“lluvia débil”) y que “refleja el sonido que hacen los bebes cuando todavía no hablan y por la baba en sí”, que se traslada a “una lluvia muy finita, pegajosa pero no desagradable”. Otros ejemplos serían patiñeira o lapiñeira, en las que pat- y lap- imitan el sonido al caminar entre charcos.
Pero la forma más común para la formación de palabras en las lenguas latinas es la derivación. Así, tanto barrallo y barrufa como zarzalo y zarracina vienen respectivamente de boreas y circius, palabra griega y latina para nombrar el viento del norte que traía las nubes de lluvia débil. Más ejemplos serían ballón (“Golpe de lluvia fuerte, abundante y de corta duración que se repite a lo largo de varios días) y su sinónimo lucense balloada, pero que en su caso están derivadas del bullar latino (ebullición) y relacionadas con el también latino battuere, de la que nace batega, (“lluvia intensa y de corta duración”).
Un lector avispado se habrá fijado en que la mayoría de los vocablos referidos hablan de lluvias débiles. Desde Meteogalicia explican que “aunque en Galicia hay todos los tipos de lluvia, los más comunes son los persistentes y de carácter débil”. La gran cantidad de precipitaciones en Galicia es debida a su situación como primer frente de defensa contra las borrascas que llegan del océano Atlántico cargadas de humedad y que la van perdiendo por la Comunidad Autónoma debido a la orografía. La pendiente que hay desde el océano a las montañas hace que las masas de aire asciendan, ayudando a formar las nubes de lluvia. La filóloga Fidalgo ve esta explicación razonable, pero también supone un componente afectivo al razonar que “con la lluvia débil es mucho más fácil convivir que con la fuerte”.
Pero la lluvia con más carga también tiene su sitio en el gallego. Así, arroiada, bátega, chaparrada, cebrina o cifra, entre otras, son precipitaciones con fuerza. Treboada, troboada, torbón y trebón hablan de rayos y truenos. Cuando la nieve y el hielo acompañan se da el auganeve, cebrina, escarabana, nevarada o la sarabiada. Si la neblina está presente, aparecen la borraxeira, brétema, cegoña, fuscallo y la néboa… Por fortuna, el gallego también contempla amizar, delampar, escambrar o estear. Son para cuando escampa.
Actualización:
Condensación de Auga:
- Borraxeira, Borraxoia, Brétema, Cegoña, Fuscallo, Néboa, Neboeiro, Nebra, Zarrazina…
Chuvia Feble:
- Babuña, Babuxa, Barbaña, Barbuza, Barrallo, Barrufa, Barruñeira, Barruzo, Borralla, Breca, Chuvisca, Chuviscada, Chuviñada, Froallo, Lapiñeira, Marmaña, Orballo, Parruma, Parrumada, Patiñeira, Patumeira, Poalla, Poallada, Poalleira, Poallo, Zarzallo…
Chuvia Forte:
- Arroiada, Ballón, Basto, Bátega, Bategada, Cebra, Cebrina, Chaparrada, Chuvascada, Chuvasco, Chuvieira, Cifra, Ciobra, Dioivo, Treixada, Xistra, Zarracina…
Con raios e tronos:
- Treboada, Torboada, Torbón, Trebón…
Con Neve e Xeo:
- Auganeve, Cebrina, Cebrisca, Escarabana, Nevada, Nevarada, Nevareira, Nevarío, Nevisca, Nevarisca, Pedrazo, Salabreada, Sarabiada, Torba…
E logo, cando remata, está a:
- Amizar, Delampar, Escambrar, Escampar, Estear, Estiñar, Estrelampar…

EL AUTOR ES CARLOS CARABAÑA
PUEDES SEGUIRLE EN: @ccarabanya

FIN DE SEMANA 24/25 DE FEBREIRO DE 2013

















































miércoles, 20 de febrero de 2013

Manda testamentaria do noso pejerto saavedra (de freixo e catedrático de historia da universidade de santiago)

.O FUTURO DA LINGUA GALEGA DEPENDE DE TI.


O FUTURO DA LINGUA GALEGA DEPENDE DE TI.
 Fai a túa manda testamentaria.

O profesor da USC, Pegerto Saavedra, fixo a súa que di asi:

“Mando o corpo á terra e a ánima a Deus, e ós meus cumpridores só lles deixo estipulado que me fagan dicir unha misa na parroquial de Freixo, na que, por vontade de meus pais e padriños, me acristianou o Reitor que entón era da dita freguesía, da que sempre me considerei veciño.
O meu patrimonio material é ben cativo; que quede en ususfroito del a miña muller polos días da súa vida, e despois dela que o herde a miña filla. A esta rógolle que valores e conserve, na medida do posible, o patrimonio inmaterial que deu sentido á vida de todos os seus antepasados, nas montañas luguesas e leonesa; del formaron parte a lingua de xeracións labregas, o espírito de traballo, a xenerosidade e a responsabilidade, e ela, como a máis nova, de momento, desa cadea humana é beneficiaria dese esforzo colectivo de séculos de todos os seus causantes, que deron uns a outros (os pais ós fillos) o que lles faltaba. Pídolle, a fin de contas, que, adaptándose ás circunstancias nas que lles toca vivir, procure conservar e aprezar a cultura do seu país de nación e que, desde logo, mire para adiante para avanzar, pero tamén atrás para non perderse”.

    Pegerto Saavedra
    Catedrático de Historia Moderna
    Universidade de Santiago de Compostela

O profesor da USC, Pegerto Saavedra, fixo a súa que di asi:



... “Mando o corpo á terra e a ánima a Deus, e ós meus cumpridores só lles deixo estipulado que me fagan dicir unha misa na parroquial de Freixo, na que, por vontade de meus pais e padriños, me acristianou o Reitor que entón era da dita freguesía, da que sempre me considerei veciño.

O meu patrimonio material é ben cativo; que quede en ususfroito del a miña muller polos días da súa vida, e despois dela que o herde a miña filla. A esta rógolle que valores e conserve, na medida do posible, o patrimonio inmaterial que deu sentido á vida de todos os seus antepasados, nas montañas luguesas e leonesa; del formaron parte a lingua de xeracións labregas, o espírito de traballo, a xenerosidade e a responsabilidade, e ela, como a máis nova, de momento, desa cadea humana é beneficiaria dese esforzo colectivo de séculos de todos os seus causantes, que deron uns a outros (os pais ós fillos) o que lles faltaba. Pídolle, a fin de contas, que, adaptándose ás circunstancias nas que lles toca vivir, procure conservar e aprezar a cultura do seu país de nación e que, desde logo, mire para adiante para avanzar, pero tamén atrás para non perderse”.



Pegerto Saavedra

Catedrático de Historia Moderna

Universidade de Santiago de Compostela