miércoles, 29 de febrero de 2012

29-F: una realidad no matemática

Cada cuatro años, el mes de febrero suma un día para corregir las inexactitudes en las fechas

YLENIA LORENZO | A CORUÑA La realidad no es matemática. De hecho, el investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) César Esteban asegura que está construida con errores e incertidumbres. Por qué hay gente que celebra su nacimiento cada cuatro años o cómo se explica que las personas disfruten en 2012 de 366 días en vez de 365 son algunos de los enigmas que logran que la vida cobre sentido. Solo dos argucias que forman parte del mismo truco: el año bisiesto. Pero ¿para qué existe y cuándo ocurre?

Esteban y su compañero científico Alfred Rosenberg explican que la rotación de la Tierra alrededor del Sol no es exacta. Aunque en el colegio se enseñe que el año tiene 365 días, la realidad es otra, pues el planeta no tarda exactamente ese tiempo en dar una vuelta a la estrella gigante, sino que se retrasa unas seis horas más. Si se multiplica ese desfase por cuatro años, el resultado significa un día más para el calendario: el 29 de febrero. La importancia de realizar el ajuste radica en que, si no se aplicara, llegaría un momento en que las fechas se trasladarían y, consecuentemente, las estaciones también se desplazarían y no se sabría cuándo hay que cultivar la tierra, por ejemplo.

Esta fórmula de sincronización no se aplica cada 400 años, como ocurrió en 2000, a pesar de que no era bisiesto. Rosenberg indica que la posición de la Tierra, debido al inexactitud temporal, retrasa cada año su posición respecto al Sol. Aparte de que el planeta no tarda en dar la vuelta alrededor del astro rey 365 días y seis horas exactas, Esteban puntualiza que hay movimientos, como los terremotos, que también pueden variar el periodo de rotación. Sin embargo, destaca que esas fracciones de tiempo son inapreciables.

Unos ajustes que no terminan ahí, pues, según Esteban, dentro de 1.000 años también deberán aplicarse nuevas correcciones para que haya concordancia entre la posición de la Tierra respecto al Sol y los días.

Para saber cuándo es el momento de cualquier cosa, se utiliza el calendario gregoriano. El investigador del IAC cuenta que proviene de Europa y que actualmente se utiliza de manera oficial en casi todo el mundo. Fue creado para sustituir en 1582 al calendario juliano, utilizado desde que Julio César lo instaurara en el año 46 antes de Cristo. El Papa Gregorio XIII promulgó el uso de este almanaque para regularizar las fiestas religiosas. En el fondo, se trataba de adecuar el calendario civil al año trópico, es decir, al tiempo que transcurre hasta llegar, por segunda vez, al equinoccio de primavera.

La reforma del nuevo método constó de tres partes. La primera fue eliminar 10 días del calendario, por lo que se pasó del jueves 4 de octubre al viernes 15 de octubre de 1582. Pasar por alto este periodo de tiempo tuvo como fin que el equinoccio de primavera del hemisferio norte cayera el 21 de marzo.

El segundo cambio consistió en modificar la regla de los años bisiestos del calendario juliano, que los establecía cada cuatro años. La diferencia es que el gregoriano, elimina los 366 días cuando las cifras sean múltiplos de 100. Pero cuando el año es múltiplo de 400, por ejemplo, 1600 y 2000, hay 29 de febrero aunque no sea bisiesto.

El tercero se basó en nuevas fórmulas para calcular la fecha de la Pascua o Resurrección. El calendario se adoptó inmediatamente en los territorios pontificios y en los que estaban controlados por Felipe II de España. En poco tiempo, los restantes países católicos adoptaron el nuevo calendario.

lunes, 27 de febrero de 2012

EN VILARDIAZ: EMPEZANDO A PREPARA-LOS XARDINS















CELSO EMILIO FERREIRO: TEÑO O CORAZON SENLLEIRO


La Galicia rural a ojos de un inglés

Colquhoun busca transmitir la dignidad de la gente que vive en el rural. | Iain Colquhoun
anapixel

Colquhoun busca transmitir la dignidad de la gente que vive en el rural. | Iain Colquhoun
  • El fotógrafo Iain Colquhoun publica un libro sobre la cultura tradicional
  • El volumen incluye 220 páginas con imágenes tomadas a lo largo de 30 años
  • Retrata el trabajo de las explotaciones agrarias y la 'dignidad' de su gente
  • Capta 'lo que muchos gallegos vemos y vivimos, pero no miramos ni valoramos'
PUBLICADO EN EL MUNDO.ES
Una ventana para atisbar los últimos vestigios en la vida de las aldeas gallegas antes de la industrialización. Eso es el libro 'Galicia Rural', un ensayo fotográfico sobre la cultura tradicional gallega realizado por el fotógrafo inglés afincado en Cangas (Pontevedra) Iain Colquhoun.
El volumen, 220 páginas a todo color, reúne las fotografías realizadas por el autor desde su primer viaje a Galicia en el año 1982. Durante estos 30 años el rural gallego ha experimentado una evolución. También se refleja en este ensayo, que, según el autor, es "una secuencia" de todo este tiempo con cierto olor a nostalgia.
Iain Colquhoun opina que "el hombre sin nostalgia en el pasado es alguien que en el presente no se siente cómodo", una visión "romántica de cómo era todo antes" que le inspiró en la mayoría de las imágenes. Capta los rincones mejor conservados de la Galicia rural y refleja su particular "sentimiento hacia el campo en Galicia y querer restaurarlo de alguna forma".
'Carmen'. | Iain Colquhoun
'Carmen'. | Iain Colquhoun
Sus 63 años de vida y su condición de extranjero adoptado en Galicia han sido determinantes para el resultado final. Él lo reconoce y el autor del prólogo, Heitor Mera, lo constata y asegura que con su mirada "ajena y sensible" logra captar "lo que muchos gallegos vemos y vivimos, pero no miramos y menos, mucho menos, valoramos".
"Yo, como no soy de aquí, aunque lleve 20 años y sea medio gallego, tengo otra perspectiva. Cuando naces aquí no te das cuenta de lo que tienes, no lo valoras porque las cosas van desapareciendo poco a poco, no es una destrucción repentina, la cosa paulatinamente se va. Yo lo veo desde fuera y creo que por eso lo veo diferente", explica el fotógrafo.
Con esta distancia que ha querido poner entre el objetivo de su cámara y los paisajes y gentes retratados, ha conseguido imágenes con una visión íntima y, al mismo tiempo, respetuosa con una forma de vida creada por docenas de generaciones de labriegos y que está a punto de extinguirse,porque "no da para comer y hoy en día lo importante nos parece el dinero".

Paisajes, herramientas pero, ante todo, personas

El libro retrata las herramientas y el trabajo de las últimas explotaciones tradicionales del campo gallego y, en palabras de Mera, un paisaje "resistente, erguido y paciente a pesar de las innumerables fechorías perpetradas".
Ofrece una Galicia que el autor ve "individualista, pero de una forma distinta a la Inglaterra de la que yo venía, los gallegos tiene un sentido distinto de lo suyo, su casa, sus terrenos". Por eso, ha seleccionado fotografías en las que "el verdadero protagonista no es el paisaje, los carros, los molinos o las solanas, sino la dignidad de la gente que aún vive de la tierra".
'Hombre y caballo'. | Iain Colquhoun
'Hombre y caballo'. | Iain Colquhoun
Heitor Mera cree que la cámara de Colquoun logra captar "una mirada ingenua y candorosa, discreta y acechante, pues no está acostumbrada a que nadie les preste atención". Para el autor, "es como un pequeño cuadro" con el que ha querido "pintar unas pinceladas de cómo es la mayoría de la gente que trabaja en el campo".

Afición temprana, profesión tardía

'Galicia Rural', de Rinoceronte Editora a través de Morgante, es el segundo libro de fotografías Iain Colquhoun. Está formado en las artes gráficas y su vida profesional se ha volcado en el diseño de portadas y libros y en el mundo de la publicidad. Llegó en 1982 a Galicia, en 1983 se casó con una canguesa y en 1991 se asentó de forma definitiva en la comunidad pudo dar rienda suelta a su vocación.
La afición a la fotografía le viene de muy joven. Con sólo doce años su abuelo, fotógrafo en Swansea (Gales), le regaló una Kodak 'Brownie Box Camera' (cámara de caja), pero Galicia le inspiró: "Cuando tomo foto es una contemplación. Cada foto es un momento de meditación y la Galicia rural está llena de texturas y colores".
'Muro de piedras'. | Iain Colquhoun
'Muro de piedras'. | Iain Colquhoun
Recuerda que tomó su primera foto de esta región tan solo unos minutos después de que su avión aterrizase en el aeropuerto de Santiago de Compostela. "Era el año 1982 y ví a una mujer tirando por un carro de bueyes. Eso en Inglaterra había desaparecido 200 años antes y me impactó. La retraté", rememora.

El rural como una cultura de vida

Desde aquella primera foto no ha parado de recoger instantáneas de Galicia, desde la sierra de O Courel hasta las Rías Baixas, donde tiene fijada su residencia y donde ha aprendido a "ver el rural como una forma de vida, una cultura de vida. No es un medio de hacer dinero".
'Niñas y maíz'. | Iain Colquhoun
'Niñas y maíz'. | Iain Colquhoun
"Antiguamente no fue un medio de hacer dinero, sino un medio y un fin en sí mismo. En Galicia el hombre se vinculaba más con la naturaleza, pero ahora el hombre no tiene vínculos y tiene que darse cuenta de queestamos en un punto de inflexión en el que tenemos que elegir un camino porque estamos en un callejón sin salida. Necesitamos otro modelo social", reflexiona.
Al mismo tiempo, invita a la reflexión colectiva: "Tenemos que darnos cuenta de que el mundo come huevos y patatas, no tecnología. Galicia debe potenciar esto. Cada pueblo tiene que reconocer sus raíces y explotar sus recursos, no dejarlos caer en el olvido. Y Galicia tiene muchos recursos".
Opina que las cosas bien hechas en el pasado no se oponen al progreso y hay que mantenerlas. "Con la perspectiva de la historia, mirar atrás y mirar lo que había y renovarlo y potenciarlo es una actitud hacia la vida y hacia la naturaleza".

Un puntal da Rúa Nova que se mantén estable

26 de febreiro de 2012
A hostalería entrou na vida de Víctor Fernández Picos sen tradición familiar nin por propia elección; foi por necesidade e casualidade. Pero este negocio non é como un título nobiliario nin como un gran reserva, que gañan co tempo, de maneira que ao propietario da Adega do San Vicente foille ben. Agora o seu fillo Manuel ten o camiño aberto se no futuro decide dedicarse ao mesmo a tempo completo, porque de momento a súa misión é estudar informática e botar unha man os fins de semana e festas de celebrar.
Víctor naceu na parroquia fonsagradina da Trapa, no límite con Asturias, pero a familia foise de alí cando tiña dous anos. O campo nunca deu grandes ganancias e menos se había que compartilas cos propietarios da terra. Menos aínda coa obrigación de dar para comer a seis fillos. «Viñemos vindo cara Lugo, e ou último sitio onde estivemos foi en Tirimol, antes de mercar unha casa en Albeiros», recorda.
Cando tiña 13 anos comezou a traballar no bar Vázquez, na confluencia da Ronda dá Muralla con Camiño Real. Os seguintes oficios foron nunha empresa de maquinaria agrícola e noutra de escaiola. Sendo aínda un adolescente, aos 16 anos foise a Bilbao, onde traballou varios anos en casas de comida.


Cando lle chegou o momento de cumprir coa milicia, o sorteo de quintos quixo que se fose a Mallorca, illa na que quedou preto de dous anos desde que rematou o servizo militar. Durante o tempo de permanencia obrigatoria buscou traballo para as horas que non tiña que estar no cuartel. Tamén era na hostalería, oficio no que os galegos estaban ben considerados, segundo a súa experiencia.
«En Mallorca tamén traballei para Pucho Boedo, que era un tipo simpático e agradable, aínda que daquela tiña moitas actuacións e vos negocios levábanllos encargar que tiña», sinala Víctor. Coñeceu ao cantante a través doutro colega de Lugo e compaxinou o traballo nos dous locais que tiña, un restaurante e a discoteca Morriña. «Non teño discos asinados por el nin outros recordos porque daquela non gustábame a música e tampouco tiña moito tempo para esas cousas».
En 1977 regresou a Lugo e comezou a etapa na que o coñeceron moitos dos que hoxe son os seus clientes. Traballou no Manila, onde xa estivera unha tempada noutra ocasión, e cando se abriu o Castelo, foise alí. O seu período como traballador por conta allea acabouse na zona de Campo Castelo porque o seguinte destino foi a Rúa Nova, rúa na que se fixo cargo do Koka, con José Ángel Ríos como socio.
A última etapa
En 1983 traspasou en solitario a actual Adega San Vicente. Dous anos antes a vella taberna fora transformada nun local moderno pero co estilo tradicional que aínda conserva, porque nestas preto de tres décadas apenas fíxolle reformas. Tampouco variou moito o persoal en número, xa que case desde o comezo tivo sempre un empregado.
Sen mostrar un gran entusiasmo, afirma que lle gustaría que o día que se xubile sigan coa adega os fillos, «se non teñen algo mellor, que sexa menos sacrificado». A María, a maior, non lle atrae a idea e actualmente está a estudar en León. Manuel está na fase de familiarizarse coa hostalería, «e despois, xa verase».
Víctor di que coa crise lle baixou a actividade, como a case todos, pero non se queixa. Afirma que ten unha clientela moi fiel e de tipo medio, que mantén o nivel.
Víctor Fernández Picos
A acha
Manuel Fernández López
Víctor está a piques de cumprir os 56 anos e o seu fillo ten 19.
Profesión
O pai é hostaleiro e Manuel tamén, parcialmente
«En Mallorca traballei para Pucho Boedo, que era un tipo simpático
e agradable»

jueves, 23 de febrero de 2012

martes, 21 de febrero de 2012

lunes, 20 de febrero de 2012

FIGARO ENTRENANDO